| Violencia*
( del lat. violentiam: uso excesivo
de la fuerza). Es el
más simple, frecuente y eficaz modo para mantenerse
el poder y la supremacía, para imponer la propia voluntad
a otros, para usurpar el poder, la propiedad y aun las vidas
ajenas. Según Marx, la v. es "partera de la historia",
es decir: toda la historia de la humanidad, inclusive el
progreso, resultan de la v., de las guerras, apropiaciones
de las tierras, complots, homicidios, revoluciones, etc.
Este autor afirma que todos los problemas importantes en
la historia solían resolverse por la fuerza. La inteligencia,
razones o reformas jugaban un papel subordinado. En este
sentido Marx tiene razón; sin embargo, no la tiene
en cuanto a absolutizar el papel de la v., negando las ventajas
de la evolución sin v. Tampoco tiene razón
justificando la v. con una finalidad noble (a pesar de que él
mismo, muchas veces hizo reservas de que ninguna buena razón
puede excusar los medios malvados para alcanzarla). Los violentistas
de todo signo justifican la v. como medio para lograr resultados "buenos" o "útiles".
Ese enfoque es peligroso y equívoco, ya que lleva
a la apología de la v. y al rechazo de los medios
no violentos.
Se suele diferenciar la v. directa, individualizada (autoridad
del padre sobre su hijo), y la indirecta (permutadora), "codificada" usualmente
para las instituciones sociales y la política oficial
(guerras, dominio del dictador, poder monopartidista, monopolio
confesional); hay también violencias físicas,
psicológicas, francas y enmascaradas. En la sociedad
se ven otras gradaciones más precisas de la v.: a
nivel de la familia, de la nación, de la política
mundial, así como de la relación del ser humano
con la naturaleza, con otras especies animales, etc. Observamos
por todas partes unos o otros elementos, manifestaciones
o estados de la v. que actúa para resolver problemas
o alcanzar resultados deseados a costa de perjudicar y hacer
sufrir a otro individuo. La v. no se orienta hacia un enemigo
determinado (aunque también tiene lugar), sino a obtener
ciertos resultados concretos y por eso se considera necesaria
y útil. A menudo el que violenta cree que actúa
de una manera justa. De aquí surge el concepto según
el cual la v. se divide en "blanca" (justificada)
y en "negra" (injustificada).
La v. es multifacética. En la mayoría de los
casos se la estima como categoría ética, como
un mal o un "mal menor". La v. ha penetrado en
todos los aspectos de la vida: se manifiesta constante y
cotidianamente en la economía (explotación
del hombre por el hombre, coacción del Estado, dependencia
material, discriminación del trabajo de la mujer,
trabajo infantil, imposiciones injustas, etc.); en la política
(el dominio de uno o varios partidos, el poder del jefe,
el totalitarismo, la exclusión de los ciudadanos en
la toma de decisiones, la guerra, la revolución, la
lucha armada por el poder, etc.); en la ideología
(implantación de criterios oficiales, prohibición
del libre pensamiento, subordinación de los medios
de comunicación, manipulación de la opinión
pública, propaganda de conceptos de trasfondo violento
y discriminador que resultan cómodos a la élite
gobernante, etc.); en la religión (sometimiento de
los intereses del individuo a los requerimientos clericales,
control severo del pensamiento, prohibición de otras
creencias y persecución de herejes); en la familia
(explotación de la mujer, dictado sobre los hijos,
etc.); en la enseñanza (autoritarismos de maestros,
castigos corporales, prohibición de programas libres
de enseñanza, etc.); en el ejército (voluntarismo
de jefes, obediencia irreflexiva de soldados, castigos, etc.);
en la cultura (censuras, exclusión de corrientes innovadoras,
prohibición de editar obras, dictados de la burocracia,
etc.).
Si analizamos la esfera de vida de la sociedad contemporánea,
siempre chocamos con la v. que restringe nuestra libertad;
por eso resulta prácticamente imposible determinar
qué clase de prohibiciones y aplastamiento de nuestra
voluntad son realmente racionales y útiles, y cuáles
tienen un carácter afectado y antihumano. Una tarea
especial de las fuerzas auténticamente humanistas
consiste en superar los rasgos agresivos de la vida social:
propiciar la armonía, la no-violencia, la tolerancia
y el solidarismo.
Cuando se habla de v., generalmente se hace alusión
a la v. física, por ser ésta la expresión
más evidente de la agresión corporal. Otras
formas como la v. económica, racial, religiosa, sexual,
etc., en ocasiones pueden actuar ocultando su carácter
y desembocando, en definitiva, en el avasallamiento de la
intención y la libertad humanas. Cuando éstas
se ponen de manifiesto, se ejercen también por coacción
física. El correlato de toda forma de v. es la discriminación.
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